Archivo de la categoría: POESIA

Pablo Neruda

Los animales fueron
imperfectos,
largos de cola, tristes
de cabeza.
Poco a poco se fueron
componiendo,
haciéndose paisaje,
adquiriendo lunares, gracia, vuelo.
El gato,
sólo el gato
apareció completo
y orgulloso:
nació completamente terminado,
camina solo y sabe lo que quiere.

El hombre quiere ser pescado y pájaro,
la serpiente quisiera tener alas,
el perro es un león desorientado,
el ingeniero quiere ser poeta,
la mosca estudia para golondrina,
el poeta trata de imitar la mosca,
pero el gato
quiere ser sólo gato
y todo gato es gato
desde bigote a cola,
desde presentimiento a rata viva,
desde la noche hasta sus ojos de oro.

No hay unidad
como él,
no tienen
la luna ni la flor
tal contextura:
es una sola cosa
como el sol o el topacio,
y la elástica línea en su contorno
firme y sutil es como
la línea de la proa de una nave.
Sus ojos amarillos
dejaron una sola
ranura
para echar las monedas de la noche.

Oh pequeño
emperador sin orbe,
conquistador sin patria,
mínimo tigre de salón, nupcial
sultán del cielo
de las tejas eróticas,
el viento del amor
en la intemperie
reclamas
cuando pasas
y posas
cuatro pies delicados
en el suelo,
oliendo,
desconfiando
de todo lo terrestre,
porque todo
es inmundo
para el inmaculado pie del gato.

Oh fiera independiente
de la casa, arrogante
vestigio de la noche,
perezoso, gimnástico
y ajeno,
profundísimo gato,
policía secreta
de las habitaciones,
insignia
de un
desaparecido terciopelo,
seguramente no hay
enigma
en tu manera,
tal vez no eres misterio,
todo el mundo te sabe y perteneces
al habitante menos misterioso,
tal vez todos lo creen,
todos se creen dueños,
propietarios, tíos
de gatos, compañeros,
colegas,
discípulos o amigos
de su gato.

Yo no.
Yo no suscribo.
Yo no conozco al gato.
Todo lo sé, la vida y su archipiélago,
el mar y la ciudad incalculable,
la botánica,
el gineceo con sus extravíos,
el por y el menos de la matemática,
los embudos volcánicos del mundo,
la cáscara irreal del cocodrilo,
la bondad ignorada del bombero,
el atavismo azul del sacerdote,
pero no puedo descifrar un gato.
Mi razón resbaló en su indiferencia,
sus ojos tienen números de oro.

Jorge Luis Borges

No son más silenciosos los espejos
ni más furtiva el alba aventurera;
eres, bajo la luna, esa pantera
que nos es dado divisar de lejos.
Por obra indescifrable de un decreto
divino, te buscamos vanamente;
más remoto que el Ganges y el poniente,
tuya es la soledad, tuyo el secreto.
Tu lomo condesciende a la morosa
caricia de mi mano. Has admitido,
desde esa eternidad que ya es olvido,
el amor de la mano recelosa.
En otro tiempo estás. Eres el dueño
de un ámbito cerrado como un sueño.

Descubre el placer de estar contigo mismo

Silvia Congost Provensal

No tener pareja no significa estar sol@. Aprender a estar a solas puede ser la mayor aventura de tu vida y un viaje fascinante hacia tu interior que te conectará con el mundo y contigo mism@.

Deseada, buscada, provocada, inadvertida, la soledad puede adoptar muchas formas, pero en la mayoría de casos es una situación que nos da miedo, nos genera rechazo y tratamos de evitar a toda costa. En el mundo actual y especialmente a partir de una cierta edad, parece que la soledad se entiende como un fracaso: estar soltero, divorciado o separado es algo que debe superarse a toda costa. Sin embargo, saber estar solo es en realidad un signo de madurez, de autonomía, de riqueza personal.

A solas es una oda a la vulnerabilidad, al atrevimiento, a no dejarse vencer. Silvia Congost, una de las psicólogas más conocidas de nuestro país, rompe en este libro, lleno de reflexiones y consejos, con las ideas preconcebidas sobre no tener pareja y nos invita a perderle miedo al monstruo de la soledad desde su propia experiencia. A quedarnos en silencio escuchando nuestro cuerpo, conectando con los latidos de nuestro corazón, con el ruido de nuestra respiración u observando la forma y el contenido de nuestros pensamientos. A atravesar los tortuosos caminos de la soledad hasta llegar a la propia liberación, esa que solo se consigue cuando vamos de frente, sin dejar de avanzar.

La voz de mis alas

Un libro de poemas y prosa poética que nos muestra una faceta íntima y hasta ahora desconocida de la autora del éxito A solas.

La voz de mis alas es la propuesta más personal de Silvia Congost.

En este libro, la autora, conocida por su faceta de psicóloga especializada en relaciones tóxicas, nos muestra su otra forma de hablar y sentir el amor y el desamor, la soledad y la amistad, la tristeza y la alegría. La voz de mis alas es un libro de poemas y prosa poética lleno de sensibilidad, en el que la autora nos muestra su yo más vulnerable y nos enseña que solo los valientes son capaces de amar.

Una edición muy cuidada con ilustraciones de Sandra de la Cruz, un libro precioso para regalar y autorregalarse. 

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Dulcinea

Dulcinea en estado puro: amor, naturaleza salvaje, poesía

Dulcinea (Paola Calasanz) es escritora, instagramer y youtuber, con amplísima presencia en redes. Autora de novelas con notable éxito, es también fundadora de la Reserva Wild Forest, creada con la finalidad de recuperar animales que están en peligro. Por ello pasa sus días en el corazón del bosque.

En este, su primer libro de poemas, ha volcado el profundo amor que siente por la naturaleza. Allí tiene lugar una espiritual experiencia del amor, a traves de las estaciones del año, desde la melancólica espera del otoño hasta el estallido pasional que supone el verano.

planetadelibros.com/libro-los-arboles-guardan-los-secretos-del-mundo

Selección y prólogo de Jorge Edwards

Pablo Neruda

Pablo Neruda fue lírico y épico, fue poeta de la naturaleza y de la historia, pero fue, sobre todo, durante toda su vida y de diversas maneras, poeta del amor. Desde sus diecinueve años, con la publicación de Crepusculario, seguido un año más tarde por Veinte poemas de amor y una canción desesperada, fue una leyenda viviente. Sus versos de amor son repetidos de memoria en todo el ámbito del idioma y han adquirido un carácter referencial en el tiempo.

La visión del amor en la poesía de Neruda evolucionó siempre y tocó cuerdas muy diferentes: la espera sentimental, la sensualidad aventurera y cambiante, la pasión destructora, el amor doméstico, el mito de los orígenes. La «mujer de humo» de sus poemas iniciales se transformó en maligna, en enemiga, en portadora de salud, en encarnación del Eterno Femenino, en esposa, en origen de todo.

Una antología de su poesía de amor debe aspirar a mostrar la vena amorosa de Neruda en sus diferentes etapas y matices, en su prolífica abundancia, en su di-versidad e incluso en sus contradicciones. Jorge Edwards, uno de los amigos más cercanos a Neruda durante los últimos años de su vida, es el autor de esta original y reveladora selección, que ha explicado en un prólogo rico en historia, reflexión y revisión crítica.

planetadelibros.com/libro-poemas-de-amor

Pablo Neruda

Edición conmemorativa del 50 aniversario de una obra fundamental en la poesía de Pablo Neruda.

La Barcarola, publicado en 1967, representa posiblemente el punto más alto de tensión poética y plenitud expresiva alcanzado por Neruda en la última etapa de su obra. Vasto poema de amor, el libro alterna el himnario a la compañera del poeta con la intercalación de episodios relativos al entorno histórico, a la experiencia personal, a parajes y figuras emblemáticas o a personajes de ayer que contienen en cierto modo la clave del presente latinoamericano y cifran las corrientes anímicas potenciales del hombre. Así, al aunar la vertiente lírica y la épica, en el sostenido esplendor de una palabra a la vez solemne, ceremonial y cotidiana, cuya imaginería configura un constante destello de invención, La Barcarola constituye la síntesis de las dos manifestaciones centrales de la gran poesía nerudiana.

«El poeta más importante del siglo xx en cualquier idioma.»
Gabriel García Márquez

Editorial: Seix Barral Temática: Poesía | General poesía Colección: Biblioteca Breve | Serie Biblioteca Breve Número de páginas: 184

Storni, Alfonsina

Prólogo de Clara Sánchez Fue Alfonsina Storni una mujer frágil y fuerte a la vez. Su poesía es tierna y delicada, pero rocosa, como si uno tuviera que arañarse las manos y las rodillas hasta coger esas flores y esos cardos y los besos de los que habla. Su obra es una defensa de la libertad artística e individual y siempre buscó la igualdad entre el hombre y la mujer. Mantuvo una estrecha relación con otros poetas latinoamericanos de su época, como Gabriela Mistral o Juana de Ibarbourou y, especialmente, con Horacio Quiroga. El mar, que la ayudó a decidir sobre su enfermedad, la acogió y desde entonces podemos imaginarla jugando con caballos marinos entre corales y algas. «En realidad, lo que le ocurre a Alfonsina Storni es lo que nos sucede a todos: ¿Quién no tiene que sobrevivir y al mismo tiempo soñar?, ¿quién no es equilibrado y a la vez hace locuras?, ¿quién no piensa en la muerte y juega con ella un poco?» Clara Sánchez

Antología poética

Prólogo de Berta García Faet. Poeta y escritora argentina del modernismo. Ejerció de profesora y escribió poesía, teatro y prosa. Según la crítica, su originalidad cambió el sentido de las letras en Latinoamérica. Su virtuosismo y su cualidad de visionaria, anticipándose a ideas feministas que en su época solo se gestaban, merecen toda nuestra atención y reconocimiento. En esta antología poética, compuesta por ella misma, encontramos, en síntesis subjetiva, desde los poemas románticos de su primera época hasta la última producción animada por una inquietud de renovación. La más exquisita gracia, profundidad, ironía y pasión se revelan a lo largo de sus 180 mejores poesías. 

Storni, Alfonsina

Alfonsina Storni (Suiza, 1892 – Buenos Aires, 1938), fue una escritora, periodista y poeta argentina vinculada a las vanguardias literarias. Su obra destacó por entremezclar emoción, sentimiento y reflexión de manera aguda y precisa. Fue una firme luchadora por la igualdad femenina, como se muestra en los textos recogidos en esta compilación de artículos periodísticos. Su mirada sobre el mundo destaca por un marcado acento femenino. Junto a la chilena Gabriela Mistral y la uruguaya Juana de Ibarbourou, formó parte de una primera avanzadilla en la lucha de las mujeres por ocupar lugares de reconocimiento en los espacios literarios latinoamericanos. Asediada por la enfermedad y las depresiones derivadas de esta, se quitó la vida en 1938 a la edad de 42 años.

MATERIAS: Poesía | Argentina | Novelas gráficas
EDITORIAL: Nórdica Libros ILUSTRADOR: Santolaya Ruiz-Clavijo, Antonia COLECCIÓN: Ilustrados ENCUADERNACIÓN: Tapa blanda o Bolsillo
DIMENSIONES: 190 x 130 mm.
Nº PÁGINAS: 112FECHA

No te sientas vencido, ni aun vencido
No te sientas esclavo ni aun esclavo
Trémulo de pavor, piénsate bravo
Y arremete feroz, ya malherido

 Ten el tesón del clavo enmohecido
Que ya viejo y ruín vuelve a ser clavo,
No la cobarde intrepidez del pavo,
Que amaina su plumaje al primer ruido

 Procede como Dios, que nunca llora
O como Lucifer, que nunca reza
O como el robledal, cuya grandeza

 Necesita del agua y no la implora
Que muerda y vocifere, vengadora
Ya en el polvo, rodando, tu cabeza.

Un poeta popular y suburbano

Se cumple el centenario de la muerte de Pedro Bonifacio Palacios, Almafuerte

Procede como Dios, que nunca llora;
o como Lucifer, que nunca reza;
o como el robledal, cuya grandeza
necesita del agua y no la implora…

Almafuerte fue también periodista, bibliotecario, traductor y maestro. 

Nació en la periferia de Buenos Aires, en un momento muy lejano: San Justo, 1854. Y eso era (es) ver el mundo desde otro lugar. Y más si se es poeta. Tipos como él, Pedro Bonifacio Palacios, Almafuerte, son un caso clave. Escribió en “¡Avanti!”, uno de sus poemas. “Si te postran diez veces, te levantas / otras diez, otras cien, otras quinientas / no han de ser tus caídas tan violentas / ni tampoco, por ley, han de ser tantas”. O ese otro, tan conocido, que insta a ser bravos por la libertad: “No te des por vencido, ni aun vencido / no te sientas esclavo, ni aún esclavo / trémulo de pavor, piénsate bravo / y arremete feroz, ya mal herido”. Versos intensos, versos de amor y de sangre, que también podrían trocar su sujeto y estar dedicados a una mujer, como los que forman la segunda parte de La Yapa: “Tengo celos del sol, porque te besa / con sus labios de luz y de calor / del jazmín tropical y del jilguero / que decoran y alegran tu balcón”. Si a la fina y aguerrida belleza de su pluma, se le agrega que, a casi un siglo de esas letras, un grupo de rock de sus pagos adoptó su apodo como bandera, el círculo cierra. Y bien. 

 Almafuerte, en clave de canción pesada, pinta la trascendencia popular y suburbana de Pedro B. “De muy pibe me encontré / con tu estatua una tarde / luego de eso comencé a leer tu nombre en muchas partes / colectivos, comercios, salones, bibliotecas populares, calles, barrios, pueblos, bares / y sentí en mi de vos saber / En San Justo escuché / a mis abuelos nombrarte / tuve suerte el día que a tus escritos llegué / Masticaste soledad / por no callar verdades / y contra la ignorancia guerreaste / sin títulos que te respalden”, canta Ricardo Iorio con voz de trueno y la ecuación da un monstruo que, en verdad, nunca estuvo de fiesta. Pedro Palacios “Almafuerte” fue precisamente eso, un monstruo divino que no estaba festejando, porque sabe que festejar, para los desamparados, dura poco. Que la fiesta eterna es la de cien familias, con sus propios poetas de elite. Y él, bueno, él ni título tenía. 

No entraba en ese target. Más bien, era poeta de obreros, tipos y tipas errantes y anónimas, de gente de suburbio, laburante, refractaria al tilingo medio. Gente que se había adelantado al aluvión zoológico, por una simple cuestión de época, padres o abuelos de quienes atravesarían el Riachuelo, casi en la mitad del siglo XX, para pedir por sus derechos. Es bueno recordarlo –o saberlo–hoy, martes 28 de febrero de 2017, porque se cumplen cien años redondos de su muerte. Había nacido como Pedro Bonifacio Palacios, en San Justo, el 13 de mayo de 1854, cuando Buenos Aires estaba separada de la Confederación Argentina. El parto fue en el seno de una familia que yacía en el subsuelo de la patria. Ese que aún no se había sublevado. Encima, su madre muere cuando él era un niño, y el padre lo abandona en manos de parientes cercanos. El fue poeta, claro. También periodista, bibliotecario, traductor y maestro. Pero lo primero que hizo, tal vez para sublimar tanto dolor, fue pintar. Luego sí, desencantado por un apoyo estatal que nunca llegó, empezó a ganarse el mango dando clases en colegios normales de su barriada. Y, tras ello, en escuelitas rurales donde llegó a ser director de una de ellas, en Chacabuco, y trabó contactos cercanos con los caudillos de pago adentro. También impartió saberes en Salto, en Mercedes, pero lo bajaron por no tener título habilitante, como dice la canción de la banda. 

 Otra versión dice que algunos de sus poemas eran severamente críticos para con el gobierno de la era: el de Domingo Faustino Sarmiento, y eso lo transformaba en carne de persecución, como Felipe Varela, Juan Saa, o Vicente “el Chacho” Peñaloza. Lo mismo le ocurrió a seis años de fin del siglo XIX, en una escuela de Trenque Lauquen, donde también vivió, también dio clases y también fue dado de baja, por sus polémicas. Tampoco accedió a cargos políticos que se le ofrecieron, ya en el siglo XX, para no entrar en contradicción con sus diatribas. Y, cuando finalmente pudo tener un final de vida manso por una pensión vitalicia que recibió del Congreso Nacional, murió. Fue en La Plata, un día como hoy pero hace cien años, y el tenía sesenta y dos. Murió, pero están sus dibujos, sus libros, ensayos y poemas, guardados y expuestos en su casa-museo platense. Tal vez ¡Molto piu avanti ancora!, sea el que mejor pinte la preexistencia de un ser genuino y visceral. “El mundo miserable es un estrado / donde todo es estólido y fingido / donde cada anfitrión guarda escondido / su verdadero ser, tras el tocado”. Una forma sutil de decir careta.

Pagina 12

Esta mañana desperté emocionado
con todas las cosas que tengo que hacer
antes que el reloj sonara.

Tengo responsabilidades que cumplir hoy. Soy importante.
Mi trabajo es escoger qué clase de día voy a tener.

Hoy puedo quejarme porque el día esta lluvioso
o puedo dar gracias a Dios porque las plantas están siendo regadas.

Hoy me puedo sentir triste porque no tengo más dinero
o puedo estar contento que mis finanzas me empujan
a planear mis compras con inteligencia.

Hoy puedo quejarme de mi salud
o puedo regocijarme de que estoy vivo.

Hoy puedo lamentarme de todo
lo que mis padres no me dieron mientras estaba creciendo
o puedo sentirme agradecido de que me permitieran haber nacido.

Hoy puedo llorar porque las rosas tienen espinas
o puedo celebrar que las espinas tienen rosas.

Hoy puedo autocompadecerme por no tener muchos amigos
o puedo emocionarme y embarcarme en la aventura de descubrir nuevas relaciones.

Hoy puedo quejarme porque tengo que ir a trabajar
o puedo gritar de alegría porque tengo un trabajo.

Hoy puedo quejarme porque tengo que ir a la escuela
o puedo abrir mi mente enérgicamente
y llenarla con nuevos y ricos conocimientos.

Hoy puedo murmurar amargamente porque tengo que hacer las labores del hogar
o puedo sentirme honrado porque tengo un techo para mi mente, cuerpo y alma.

Hoy el día se presenta ante mi esperando a que yo le de forma y aquí estoy,
soy el escultor. Lo que suceda hoy depende de mi,
yo debo escoger qué tipo de día voy a tener.

Que tengas un gran día… a menos que tengas otros planes.

Mario Benedetti

Los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Jaime Sabines

Cada ciudad puede ser otra
cuando el amor la transfigura
cada ciudad puede ser tantas
como amorosos la recorren

el amor pasa por los parques
casi sin verlos amándolos
entre la fiesta de los pájaros
y la homilía de los pinos

cada ciudad puede ser otra
cuando el amor pinta los muros
y de los rostros que atardecen
unos es el rostro del amor

y el amor viene y va y regresa
y la ciudad es el testigo
de sus abrazos y crepúsculos
de sus bonanzas y aguaceros

y si el amor se va y no vuelve
la ciudad carga con su otoño
ya que le quedan sólo el duelo
y las estatuas del amo

Mario Benedetti

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico es un parque dormido
en el que uno puede sentirse árbol o prójimo
siempre y cuando se cumpla un requisito previo.
Que la ciudad exista tranquilamente lejos.

El secreto es apoyarse digamos en un tronco
y oír a través del aire que admite ruidos muertos
cómo en Millán y Reyes galopan los tranvías.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico siempre ha tenido
una agradable propensión a los sueños
a que los insectos suban por las piernas
y la melancolía baje por los brazos
hasta que uno cierra los puños y la atrapa.

Después de todo el secreto es mirar hacia arriba
y ver cómo las nubes se disputan las copas
y ver cómo los nidos se disputan los pájaros.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
ah pero las parejas que huyen al Botánico
ya desciendan de un taxi o bajen de una nube
hablan por lo común de temas importantes
y se miran fanáticamente a los ojos
como si el amor fuera un brevísimo túnel
y ellos se contemplaran por dentro de ese amor.

Aquellos dos por ejemplo a la izquierda del roble
(también podría llamarlo almendro o araucaria
gracias a mis lagunas sobre Pan y Linneo)
hablan y por lo visto las palabras
se quedan conmovidas a mirarlos
ya que a mí no me llegan ni siquiera los ecos.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero es lindísimo imaginar qué dicen
sobre todo si él muerde una ramita
y ella deja un zapato sobre el césped
sobre todo si él tiene los huesos tristes
y ella quiere sonreír pero no puede.

Para mí que el muchacho está diciendo
lo que se dice a veces en el Jardín Botánico

ayer llegó el otoño
el sol de otoño
y me sentí feliz
como hace mucho
qué linda estás
te quiero
en mi sueño
de noche
se escuchan las bocinas
el viento sobre el mar
y sin embargo aquello
también es el silencio
mírame así
te quiero
yo trabajo con ganas
hago números
fichas
discuto con cretinos
me distraigo y blasfemo
dame tu mano
ahora
ya lo sabés
te quiero
pienso a veces en Dios
bueno no tantas veces
no me gusta robar
su tiempo
y además está lejos
vos estás a mi lado
ahora mismo estoy triste
estoy triste y te quiero
ya pasarán las horas
la calle como un río
los árboles que ayudan
el cielo
los amigos
y qué suerte
te quiero
hace mucho era niño
hace mucho y qué importa
el azar era simple
como entrar en tus ojos
dejame entrar
te quiero
menos mal que te quiero.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero puedo ocurrir que de pronto uno advierta
que en realidad se trata de algo más desolado
uno de esos amores de tántalo y azar
que Dios no admite porque tiene celos.

Fíjense que él acusa con ternura
y ella se apoya contra la corteza
fíjense que él va tildando recuerdos
y ella se consterna misteriosamente.

Para mí que el muchacho está diciendo
lo que se dice a veces en el Jardín Botánico

vos lo dijiste
nuestro amor
fue desde siempre un niño muerto
sólo de a ratos parecía
que iba a vivir
que iba a vencernos
pero los dos fuimos tan fuertes
que lo dejamos sin su sangre
sin su futuro
sin su cielo
un niño muerto
sólo eso
maravilloso y condenado
quizá tuviera una sonrisa
como la tuya
dulce y honda
quizá tuviera un alma triste
como mi alma
poca cosa
quizá aprendiera con el tiempo
a desplegarse
a usar el mundo
pero los niños que así vienen
muertos de amor
muertos de miedo
tienen tan grande el corazón
que se destruyen sin saberlo
vos lo dijiste
nuestro amor
fue desde siempre un niño muerto
y qué verdad dura y sin sombra
qué verdad fácil y qué pena
yo imaginaba que era un niño
y era tan sólo un niño muerto
ahora qué queda
sólo queda
medir la fe y que recordemos
lo que pudimos haber sido
para él
que no pudo ser nuestro
qué más
acaso cuando llegue
un veintitrés de abril y abismo
vos donde estés
llevale flores
que yo también iré contigo.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico es un parque dormido
que sólo despierta con la lluvia.

Ahora la última nube a resuelto quedarse
y nos está mojando como alegres mendigos.

El secreto está en correr con precauciones
a fin de no matar ningún escarabajo
y no pisar los hongos que aprovechan
para nadar desesperadamente.

Sin prevenciones me doy vuelta y siguen
aquellos dos a la izquierda del roble
eternos y escondidos en la lluvia
diciéndose quién sabe qué silencios.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero cuando la lluvia cae sobre el Botánico
aquí se quedan sólo los fantasmas.

Ustedes pueden irse.
Yo me quedo

Rubén Darío

La princesa está triste… ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.

El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y vestido de rojo piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.

¿Piensa, acaso, en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?

¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.

Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte,
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.

¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real;
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.

¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste. La princesa está pálida.)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe,
(La princesa está pálida. La princesa está triste.)
más brillante que el alba, más hermoso que abril!

-«Calla, calla, princesa -dice el hada madrina-;
en caballo, con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con un beso de amor».

Jorge Luis Borges

Toda la poesía de Borges, en un único volumen.

«El último gran poeta modernista, pero también el único gran poeta intemporal del siglo XX, con la precisión definitiva y lapidaria de la lírica clásica.» PERE GIMFERRER

Después de una vida leyendo, escribiendo y enseñando poesía Jorge Luis Borges confesó que seguía lleno de perplejidades y que sólo había ganado una certeza: que la poesía se escribe para proporcionarle placer al lector. Este volumen recoge toda su aportación a esta peculiar conspiración literaria en favor del placer. Abren la serie Fervor de Buenos Aires (1923), Luna de enfrente (1925) y Cuaderno San Martín (1929), una trilogía de tono criollo compuesta al regresar a Buenos Aires después de un periplo por Europa. En El hacedor (1960) y Elogio de la sombra (1969) aflora la tragedia de su ceguera, atemperada por los temas épicos y metafísicos. A partir de El oro de los tigres (1972) y La rosa profunda (1975), el tono de Borges se vuelve más íntimo, al tiempo que trata de comprender y establecer relaciones amistosas con un huésped inesperado: su celebridad mundial.

«Siempre que he ojeado libros de estética, he tenido la incómoda sensación de estar leyendo obras de astrónomos que jamás hubieran mirado a las estrellas. Quiero decir que sus autores escribían sobre poesía como si fuera un deber, y no lo que es en realidad: una pasión y un placer.» J. L. B.

Jorge Luis Borges

Buenos Aires, 1899
Buenos Aires, 1986

Jorge Luis Borges, poeta, cuentista y ensayista es autor de libros ya clásicos como Ficciones, El Aleph, Historia universal de la infamia y El hacedor, los poemarios Fervor de Buenos Aires y la Antología de la literatura fantástica, escrita con Adolfo Bioy Casares. Su escritura entre fantástica y filosófica, repleta de artificios verbales y metafísicos, ha fascinado a los lectores desde su publicación. Está considerado como un genio indiscutido de la literatura universal.

Editorial: Ediciones Destino Temática: Novela literaria | Narrativa literaria clásicos Colección: Áncora & Delfín Número de páginas: 632

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Mario Benedetti

Pongo estos seis versos en mi botella al mar
con el secreto designio de que algún día
llegue a una playa casi desierta
y un niño la encuentre y la destape
y en lugar de versos extraiga piedritas
y socorros y alertas y caracoles.

Gabriela Mistral

Hay besos que pronuncian por sí solos
la sentencia de amor condenatoria,
hay besos que se dan con la mirada
hay besos que se dan con la memoria.

Hay besos silenciosos, besos nobles
hay besos enigmáticos, sinceros
hay besos que se dan sólo las almas
hay besos por prohibidos, verdaderos.

Hay besos que calcinan y que hieren,
hay besos que arrebatan los sentidos,
hay besos misteriosos que han dejado
mil sueños errantes y perdidos.

Hay besos problemáticos que encierran
una clave que nadie ha descifrado,
hay besos que engendran la tragedia
cuantas rosas en broche han deshojado.

Hay besos perfumados, besos tibios
que palpitan en íntimos anhelos,
hay besos que en los labios dejan huellas
como un campo de sol entre dos hielos.

Hay besos que parecen azucenas
por sublimes, ingenuos y por puros,
hay besos traicioneros y cobardes,
hay besos maldecidos y perjuros.

Judas besa a Jesús y deja impresa
en su rostro de Dios, la felonía,
mientras la Magdalena con sus besos
fortifica piadosa su agonía.

Desde entonces en los besos palpita
el amor, la traición y los dolores,
en las bodas humanas se parecen
a la brisa que juega con las flores.

Hay besos que producen desvaríos
de amorosa pasión ardiente y loca,
tú los conoces bien son besos míos
inventados por mí, para tu boca.

Besos de llama que en rastro impreso
llevan los surcos de un amor vedado,
besos de tempestad, salvajes besos
que solo nuestros labios han probado.

¿Te acuerdas del primero…? Indefinible;
cubrió tu faz de cárdenos sonrojos
y en los espasmos de emoción terrible,
llenáronse de lágrimas tus ojos.

¿Te acuerdas que una tarde en loco exceso
te vi celoso imaginando agravios,
te suspendí en mis brazos… vibró un beso,
y qué viste después…? Sangre en mis labios.

Yo te enseñé a besar: los besos fríos
son de impasible corazón de roca,
yo te enseñé a besar con besos míos
inventados por mí, para tu boca.

Jorge Luis Borges

Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.

De esta ciudad de libros hizo dueños
a unos ojos sin luz, que sólo pueden
leer en las bibliotecas de los sueños
los insensatos párrafos que ceden

las albas a su afán. En vano el día
les prodiga sus libros infinitos,
arduos como los arduos manuscritos
que perecieron en Alejandría.

De hambre y de sed (narra una historia griega)
muere un rey entre fuentes y jardines;
yo fatigo sin rumbo los confines
de esta alta y honda biblioteca ciega.

Enciclopedias, atlas, el Oriente
y el Occidente, siglos, dinastías,
símbolos, cosmos y cosmogonías
brindan los muros, pero inútilmente.

Lento en mi sombra, la penumbra hueca
exploro con el báculo indeciso,
yo, que me figuraba el Paraíso
bajo la especie de una biblioteca.

Algo, que ciertamente no se nombra
con la palabra azar, rige estas cosas;
otro ya recibió en otras borrosas
tardes los muchos libros y la sombra.

Al errar por las lentas galerías
suelo sentir con vago horror sagrado
que soy el otro, el muerto, que habrá dado
los mismos pasos en los mismos días.

¿Cuál de los dos escribe este poema
de un yo plural y de una sola sombra?
¿Qué importa la palabra que me nombra
si es indiviso y uno el anatema?

Groussac o Borges, miro este querido
mundo que se deforma y que se apaga
en una pálida ceniza vaga
que se parece al sueño y al olvido.


No te aferres al pasado ni a los recuerdos tristes.
No abras la herida que ya cicatrizó.
No revivas los dolores y sufrimientos antiguos.
Lo que pasó, pasó…

De ahora en adelante,
pon tus fuerzas en construir una vida nueva,
orientada hacia lo alto,
y camina de frente, sin mirar atrás.

Haz como el sol que nace cada día,
sin pensar en la noche que pasó.
Vamos, levántate…
porque la luz del sol está afuera!

Alfonsina Storni

Oh mar, enorme mar, corazón fiero
De ritmo desigual, corazón malo,
Yo soy más blanda que ese pobre palo
Que se pudre en tus ondas prisionero.

Oh mar, dame tu cólera tremenda,
Yo me pasé la vida perdonando,
Porque entendía, mar, yo me fui dando:
«Piedad, piedad para el que más ofenda».

Vulgaridad, vulgaridad me acosa.
Ah, me han comprado la ciudad y el hombre.
Hazme tener tu cólera sin nombre:
Ya me fatiga esta misión de rosa.

¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena,
Me falta el aire y donde falta quedo,
Quisiera no entender, pero no puedo:
Es la vulgaridad que me envenena.

Me empobrecí porque entender abruma,
Me empobrecí porque entender sofoca,
¡Bendecida la fuerza de la roca!
Yo tengo el corazón como la espuma.

Mar, yo soñaba ser como tú eres,
Allá en las tardes que la vida mía
Bajo las horas cálidas se abría…
Ah, yo soñaba ser como tú eres.

Mírame aquí, pequeña, miserable,
Todo dolor me vence, todo sueño;
Mar, dame, dame el inefable empeño
De tornarme soberbia, inalcanzable.

Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza.
¡Aire de mar!… ¡Oh, tempestad! ¡Oh enojo!
Desdichada de mí, soy un abrojo,
Y muero, mar, sucumbo en mi pobreza.

Y el alma mía es como el mar, es eso,
Ah, la ciudad la pudre y la equivoca;
Pequeña vida que dolor provoca,
¡Que pueda libertarme de su peso!

Vuele mi empeño, mi esperanza vuele…
La vida mía debió ser horrible,
Debió ser una arteria incontenible
Y apenas es cicatriz que siempre duele.